Los cien hermanos

donald antrim los cien hermanos

Si tuviese dotes de dramaturgo no tardaría ni un minuto en poner en marcha –intentarlo por lo menos- una versión teatral de "Los cien hermanos", del norteamericano Donald Antrim (Sarasota, Florida, 1958). La brillante novela narra el encuentro entre Doug, el narrador, y sus 99 hermanos, que son todos varones, cumplen el mismo día -en distintos años, claro está- y vienen de un mismo padre (un borroso monarca tarado). Los más jóvenes han superado la adolescencia hace poco; los más mayores se mueven con un andador y no conservan más de un par de piezas dentales. No puedo evitar ver la colosal biblioteca roja –el lugar del encuentro- como un teatro en el que lloran, ríen, enferman, se pelean y entrechocan ruidosamente todos esos familiares diestros, zurdos, vegetarianos, histéricos, cineastas, entomólogos, pornógrafos. Como casi toda obra, esta constituye una crítica social; es también –obviamente- a la institución familiar, norteamericana por añadidura.