Las prácticas engañosas del trilero del cine americano

 

ricky jay

Puede lanzar un naipe a 145 kilómetros por hora, hace de tahúr en casi todas las películas de David Mamet y edita libros sobre entretenimiento extraño. Es el abracadabrante Ricky Jay.

 

Presumiendo que tendrá usted a mano un ordenador o móvil con conexión a internet, me tomaré la confianza de pedirle que entre en Youtube y teclee el nombre Ricky Jay junto a la palabra watermelon. La visión de Ricky Jay lanzando y clavando naipes como bisturíes sobre la superficie de una distante sandía superará cualquier introducción que yo pueda hacer a este orondo mago, actor y escritor judío nacido en Brooklyn en 1948.

Como ilusionista, Richard Jay Potash le debe una parte a su abuelo, un contable aficionado a los juegos de manos, y otra a un prestidigitador profesional coetaneo de Houdini, de nombre Max Malini, tan raramente dotado con el don de sacar barras de hielo bajo los sombreros de los caballeros que llegó a hacer demostraciones a varias generaciones de líderes en la Casa Blanca y Buckingham Palace. Entre uno y otro nace el ninja de la baraja, el joker del poker, el que será el trilero más famoso del cine, la televisión y los escenarios norteamericanos.

El Ricky Jay actor debe su fama a la voluntad de su amigo David Mamet, pero no su vocación. Debutó en teatro, haciendo el Sueño de una noche de verano bajo dirección de Joseph Papp (legendario creador del Public Theatre) en el New York Shakespeare Festival de 1982. Un lustro después arranca la colaboración fílmica con Mamet, quien ha recurrido a su figura en la mayor parte de sus películas. Jay es casi siempre el tipo de manos rápidas y poco de fiar que aparece en una habitación oscura, entre la luz ambarina de una bombilla y un tapete gastado. Es fácil detectarle: su presencia avisa de que alguien -por lo general el propio espectador- está a punto de ser timado. Aparece en House of Games, Things Change, Homicide, The Spanish Prisoner, State and Main, Heist y Red Belt. El afamado dramaturgo dirigió dos programas especiales para televisión a partir de sendas actuaciones off-Broadway de su amigo: Ricky Jay and His 52 Assistants y On the Stem. Ambas cintas muestran a nuestro hombre en su faceta escénica de one man show y han sido loadas por la crítica en numerosos festivales.

Otros cineastas importantes han contado con él, caso de Paul Thomas Anderson en Boogie Nights y Magnolia. También Christopher Nolan (Jay no podía faltar en The Prestige, la historia de magos rivales donde David Bowie juega, por cierto, a ser Nikola Tesla). También Gus Van Sant recurrió a él en Last days. Werner Herzog, en Incident at Loch Ness. Y Roger Spottiswoode, más conocido como director de la bondiana Tomorrow Never Dies, cinta en la que -estaba cantado: no se podía desaprovechar ese aire a Bud Spencer, ni la capacidad degolladora de su lanzamiento de naipes-, Jay hacía de secuaz de un villano ruso con ideas nucleares. (El otro esbirro en el filme es Vincent Schiavelli: otro actor peculiar. Amigo de Milos Forman y secundario en casi todas sus películas, cuando se retiró del cine y volvió a su aldea natal, en Sicilia, contrató a todos los habitantes del pueblo para que durante todo un año interpretaran distintos personajes en la recreación real y constante del Quijote que él mismo iba a protagonizar. Perdón por cambiar de tema: no me negarán que merecía la pena hablar de Shiavelli en un artículo relacionado con el entretenimiento bizarro).

Sobre esto último, sobre las atracciones extrañas, hemos insinuado en la entradilla que Ricky Jay es todo un connoisseur. Es más que eso. Su bibliografía -que, como no puede ser menos, incluye numerosos títulos sobre cartas, dedos y trucos- indaga en la historia del freak norteamericano en títulos de culto como Extraordinary Exhibitions: The Wonderful Remains of an Enormous Head, Learned Pigs and Fireproof Women y la interesantísima enciclopedia Jay's Journal of Anomalies (Farrar, Strauss and Giroux, 2001). Todos estos recogen documentación increíble sobre circos de pulgas, animales adivinadores, liliputienses aztecas, niños gigantes, mujeres invisibles, gnomos volantes, ayunadores profesionales y levitadores, fakires y ventrilocuos... Hubo un tiempo -y a documentar esta era ha dedicado Ricky Jay buena parte de su vida- en que el show business estaba habitado por partidas de freaks con las más 'increíbles habilidades': tipos que engullían su propia nariz o se introducían por esta cosas que se sacaban por la oreja, hombres capaces de bajar una escalera utilizando la cabeza, personas con la habilidad de sacarse y volverse a colocar sus dientes naturales... Nadie sabe de todo esto más que Ricky Jay.

¿Algo más? Seguro que sí. Es consultor. Gerente de la firma Deceptive Practices (Prácticas Engañosas), se preocupa de prover de "un know-how de la sabiduría arcana", y ha asesorado a clientes del escenario, la televisión y la industria del cine (su marca se ha asociado desde la película Forrest Gump hasta el J. Paul Getty Museum). Ricky Jay es miembro de sociedades extrañas como la American Antiquarian Society, fundador de la bienal de la Conference on Magic History, conferenciante sobre temas de mediums, literatura y engaño, y productor de documentales sobre estos temas para CBS, HBO y BBC. Ahora ya le conocen.

publicado en Cultura(s) de La Vanguardia el 24 de febrero de 2010